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Diagnóstico:
El diagnóstico de angina es clínico, y se basa en las características
y localización del dolor, que suele describirse como: - opresivo,
sin variaciones con la respiración o los cambios de posición,
en región centrotorácica o epigástrica, con ocasional irradiación
a cuello y mandíbula, región interescapular, hombros y cara
interna de brazos, - duración del dolor, desde escasos minutos
hasta más de treinta (si dura segundos es poco compatible
con el diagnóstico, y si es de mayor duración sugiere otras
patologías), - factores de riesgo como tabaquismo y diabetes,
esfuerzo y estrés.
Exploración física:
En cuanto a la exploración física lo habitual es que la exploración
sea normal, salvo la presencia de un cuarto tono como expresión
de la disminución de la distensibilidad ventricular. Puede
haber un soplo pansistólico de insuficiencia mitral por disfunción
de un músculo papilar. La presencia de un tercer ruido indica
disfunción ventricular izquierda. Es muy importante buscar
signos de otras patologías que pueden causar angina de origen
no coronario (valvulopatía aórtica severa, miocardiopatía
hipertrófica e hipertensiva), así como posibles causas desencadenantes.
Pruebas:
Las más frecuentes son:
1) Radiografía de tórax: se debe realizar, una vez estabilizada
la situación del paciente, para descartar otras causas desencadenantes
y valorar la presencia de signos de insuficiencia cardíaca.
2) Ergometría o prueba del esfuerzo: el ejercicio produce
un aumento de las demandas de oxígeno del miocardio, que en
caso de superar al aporte produce angina o isquemia. Sus indicaciones
básicas son: - ayuda en el diagnóstico de pacientes con clínica
dudosa, - valoración pronóstica y de la eficacia de los regímenes
terapéuticos, y - valoración de la capacidad funcional. Debe
realizarse sólo a pacientes en situación estable. Sus contraindicaciones
son: - angina inestable no controlada farmacológicamente,
- insuficiencia cardíaca, - arritmias sostenidas o con frecuencia
cardíaca mal controlada, - estenosis aórtica severa, - bloqueo
de alto grado, y - miocarditis o pericarditis aguda y taponamiento
cardíaco.
3) Ergometría con talio: esta prueba detecta la existencia
de isquemia desencadenada por el ejercicio. El talio-201 se
inyecta durante el máximo esfuerzo y se registran imágenes
inmediatamente y varias horas después, para valorar la captación
normal o la hipocaptación reversible (isquemia) o fija (necrosis).
Está indicada en aquellos enfermos en los que la ergometría
convencional no ha sido concluyente, puesto que aumenta la
sensibilidad (80%) y la especificidad (90%) de esta técnica.
4) Ecocardiografía: descarta la presencia de alteraciones
cardíacas estructurales y evalúa la función sistólica global
y segmentaria. No debe indicarse de forma rutinaria si no
hay datos de sospecha de disfunción ventricular o valvular.
El ecocardiograma de estrés puede ser útil en pacientes imposibilitados
para realizar ejercicio físico o con alteraciones basales
que distorsionen los resultados de la ergometría convencional.
Lo más habitual es el uso de fármacos inotrópicos (dobutamina)
o vasodilatadores (dipiridamol, adenosina) para analizar la
disfunción contráctil segmentaria reversible y la disfunción
diastólica inducidas por isquemia.
5) Coronariografía: es la prueba diagnóstica que confirma
con certeza la existencia o no de enfermedad coronaria. Se
inyecta contraste radioopaco en el árbol coronario delimitándose
angiográficamente las posibles lesiones, su gravedad y localización,
así como la fracción de eyección del ventrículo izquierdo.
El número de vasos afectados, la extensión del miocardio en
riesgo y la función ventricular izquierda tienen gran importancia
pronóstica. Está indicada en: - angina inestable no controlada
- angina estable sin respuesta al tratamiento médico o con
datos de mal pronóstico en la ergometría, - angina de Prinzmetal,
- antes de cirugía vascular mayor si coexiste angina o hay
evidencia de isquemia miocárdica, - angina postinfarto, -
isquemia silente y - disfunción ventricular izquierda. Son
contraindicaciones relativas: - insuficiencia renal o hepática
graves, - alteraciones graves de la coagulación, - alergia
probada a contrastes yodados y - enfermedad febril intercurrente.
Entre las posibles complicaciones están la aparición de hematoma
o pseudoaneurisma en el lugar de punción, ictus por desprendimiento
de placas de ateroma y muerte.
6) Monitorización con Holter: su utilidad estriba en la detección
de episodios de isquemia silente durante 24 horas, que puede
tener implicaciones pronósticas.
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