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Introducción:
el objeto de esta sección es estimular la atención del público
y de los profesionales de la salud sobre el hecho de que
los trastornos de ansiedad son enfermedades clínicas reales
que pueden ser diagnosticadas y tratadas con efectividad.
Si bien este tipo de patología no afecta especialmente a
la gente de mayor edad, he creido conveniente su inclusión
debido a que m ás de 3 millones de españoles sufren de estos
trastornos de ansiedad, que incluyen trastorno de pánico,
trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno postraumático ,
fobias y trastorno de ansiedad generalizada. Estas personas
sufren de síntomas crónicos incesantes, que se empeoran
progresivamente de no ser tratados a tiempo.
Atormentados por los ataques de pánico, pensamientos obsesivos,
pensamientos regresivos, pesadillas y otros innumerables
síntomas físicos, estas personas suelen frecuentar las salas
de emergencia y utilizar muchos otros servicios médicos.
Su trabajo, familia y vida social se ven interrumpidas,
y algunas veces llegan hasta confinarse dentro de sus hogares.
Frecuentemente estos trastornos de ansiedad vienen acompañados
de otros trastornos tales como depresión, problemas de alcoholismo
y abuso de sustancias químicas, u otro trastorno de ansiedad.
Debido a la falta de conocimiento de las causas de estos
trastornos, muchas personas no son diagnosticadas y no están
siendo sometidas a tratamientos que han probado ser efectivos
a través de investigaciones científicas. Todas las personas
saben lo que es sentir ansiedad: los hormigueos en el estómago
antes de la primera cita, la tensión que usted siente cuando
su jefe está enojado, la forma en que su corazón late si
usted está en peligro. La ansiedad lo incita a actuar. Lo
anima a enfrentarse a una situación amenazadora. Lo hace
estudiar más para ese examen y lo mantiene alerta cuando
está dando un discurso. En general, lo ayuda a enfrentarse
a las situaciones.
Pero si usted sufre de trastorno de ansiedad, esta emoción
normalmente útil puede dar un resultado precisamente contrario:
evita que usted se enfrente a una situación y trastorna
su vida diaria.
Los trastornos de ansiedad no son sólo un caso de "nervios".
Son enfermedades frecuentemente relacionadas con la estructura
biológica y las experiencias en la vida de un individuo
y con frecuencia son hereditarias.
Existen varios tipos de trastornos de ansiedad, cada uno
con sus características propias.
Un trastorno de ansiedad puede hacer que se sienta ansioso
casi todo el tiempo sin ninguna causa aparente. O las sensaciones
de ansiedad pueden ser tan incómodas que, para evitarlas,
usted hasta suspenda algunas de sus actividades diarias.
O usted puede sufrir ataques ocasionales de ansiedad tan
intensos que lo aterrorizan e inmovilizan.
Muchas personas confunden estos trastornos y piensan que
los individuos deberían sobreponerse a los síntomas usando
tan sólo la fuerza de voluntad. El querer que los síntomas
desaparezcan no da resultado, pero hay tratamientos que
pueden ayudarlo. Consulte con su médico de cabecera.
Trastorno de Ansiedad generalizada:
"Yo siempre pensé que era aprensivo. Me sentía inquieto
y no podía descansar. A veces estas sensaciones iban y venían.
Otras veces eran constantes. Podian durar días. Me preocupaba
por la cena que iba a preparar para la fiesta o cuál sería
un magnífico regalo para alguien. Simplemente no podía dejar
nada de lado. Tenía serios problemas para dormir. Hubo ocasiones
en que despertaba ansioso en la manaña o en la mitad de
la noche. Me costaba trabajo concentrarme aún mientras leía
el periódico o una novela. A veces me sentía un poco mareado.
Mi corazón latía apresuradamente o me golpeaba en el pecho.
Esto me preocupaba aún más"
El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) es mucho más
de lo que una persona normal con ansiedad experimenta en
su vida diaria. Son preocupación y tensión crónicas aún
cuando nada parece provocarlas.
El padecer de este trastorno significa anticipar siempre
un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente
por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Sin embargo,
a veces, la raíz de la preocupación es difícil de localizar.
El simple hecho de pensar en pasar el día provoca ansiedad.
Las personas que padecen de TAG no parecen poder deshacerse
de sus inquietudes aún cuando generalmente comprenden que
su ansiedad es mas intensa de lo que la situación justifica.
Quienes padecen de TAG también parecen no poder relajarse.
Frecuentemente tienen trabajo en conciliar el sueño o en
permanecer dormidos.
Síntomas: especialmente temblores, contracciones nerviosas,
tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad, transpiración
o accesos de calor. Pueden sentirse mareadas o que les falta
el aire. Pueden sentir náusea o que tienen que ir al baño
frecuentemente. O pueden sentir como si tuvieran un nudo
en la garganta.
Depresión: la depresión frecuentemente acompaña a los trastornos
de ansiedad y, cuando esto sucede, también debe atenderse.
Los sentimientos de tristeza, apatía o desesperanza, cambios
en el apetito o en el sueño así como la dificultad en concentrarse
que frecuentemente caracterizan a la depresión pueden ser
tratados con efectividad con medicamentos antidepresivos
o, dependiendo de la severidad del mal, con psicoterapia.
Algunas personas responden mejor a una combinación de medicamentos
y psicoterapia. El tratamiento puede ayudar a la mayoría
de las personas que sufren de depresión. Muchos individuos
con TAG se sobresaltan con mayor facilidad que otras personas.
Tienden a sentirse cansados, les cuesta trabajo concentrarse
y a veces también sufren de depresión. Por lo general, el
daño asociado con TAG es ligero y las personas con ese trastorno
no se sienten restringidas dentro del medio social o en
el trabajo. A diferencia de muchos otros trastornos de ansiedad,
las personas con TAG no necesariamente evitan ciertas situaciones
como resultado de su trastorno. Sin embargo, si éste es
severo, el TAG puede ser muy debilitante, resultando difícil
llevar a cabo hasta las actividades diarias más simples.
El TAG se presenta gradualmente y afecta con mayor frecuencia
a personas en su niñez o adolescencia, pero también puede
comenzar en la edad adulta. Es más común en las mujeres
que en los hombres y con frecuencia ocurre en los familiares
de las personas afectadas. Se diagnostica cuando alguien
pasa cuando menos 6 meses preocupándose excesivamente por
varios problemas diarios. Padecer de TAG siempre quiere
decir anticipar desastres, frecuentemente preocuparse demasiado
por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Las preocupaciones
frecuentemente se presentan acompañadas de síntomas físicos
tales como temblores, tensión muscular y náusea. En general,
los síntomas de TAG tienden a disminuir con la edad. Un
tratamiento acertado puede incluir un medicamento llamado
buspirone. Se éstan llevando a cabo investigaciones para
confirmar la efectividad de otros medicamentos como benzodiazepinas
y antidepresivos. También son útiles las técnicas de terapia
de comportamiento cognoscitivo, las técnicas de relajamiento
y de retroalimentación para controlar la tensión muscular.
Trastorno de Pánico:
"Comenzó hace 10 años. Estaba sentada durante un seminario
en un hotel y esta sensación salió de la nada. Sentí que
me estaba muriendo. Para mí, un ataque de pánico es casi
una experiencia violenta. Siento que me estoy volviendo
loca. Me hace sentir que estoy perdiendo el control en forma
extrema. Mi corazón late con fuerza, todo parece irreal
y hay una fuerte sensación de calamidad inminente. Entre
un ataque y otro existe este pavor y ansiedad de que van
a regresar. El tratar de escapar a estas sensaciones de
pánico puede ser agotador"
Síntomas de un ataque de pánico: palpitaciones, dolores
en el pecho, mareos o vértigos, náusea o problemas estomacales,
sofocos o escalofríos, falta de aire o una sensación de
asfixia, hormigueo o entumecimiento, estremecimiento o temblores,
sensación de irrealidad, terror, sensación de falta de control
o estarse volviendo loco, temor a morir y transpiración
excesiva.
Quienes padecen de trastornos de pánico experimentan sensaciones
de terror que les llega repentina y repetidamente sin previo
aviso. No pueden anticipar cuando les va a ocurrir un ataque
y muchas personas pueden manifestar ansiedad intensa al
preocuparse de cuándo y dónde les llegará el siguiente.
Entre tanto, existe una continua preocupación de que en
cualquier momento se va a presentar otro ataque.
Cuando llega un ataque de pánico, lo más probable es que
usted sufra palpitaciones y se sienta sudoroso, débil o
mareado. Puede sentir cosquilleo en las manos o sentirlas
entumecidas y posiblemente se sienta sofocado o con escalofríos.
Puede experimentar dolor en el pecho o sensaciones de ahogo,
de irrealidad o tener miedo de que suceda una calamidad
o de perder el control. Usted puede, en realidad, creer
que está sufriendo un ataque al corazón o de apoplegía,
que está perdiendo la razón o que está al borde de la muerte.
Los ataques pueden ocurrir a cualquier hora aún durante
la noche al estar dormido.
Mientras casi todos los ataques duran aproximadamente dos
minutos, en ocasiones pueden durar hasta 10 minutos. En
casos raros pueden durar una hora o más. Usted puede en
realidad creer que está sufriendo un ataque al corazón,
que está volviéndose loco o que está al borde de la muerte.
El trastorno de pánico ataca cuando menos al 1.6 por ciento
de la población y es doblemente más común en las mujeres
que en los hombres. Puede presentarse a cualquier edad,
en los niños o en los ancianos, pero casi siempre comienza
en los adultos jóvenes.
No todos los que sufren ataques de pánico terminan teniendo
trastornos de pánico; por ejemplo, muchas personas sufren
un ataque y nunca vuelven a tener otro. Sin embargo, para
quienes padecen de trastornos de pánico es importante obtener
tratamiento adecuado. Un trastorno así, si no se atiende,
puede derivar en invalidez. El trastorno de pánico frecuentemente
va acompañado de otros problemas tales como depresión o
alcoholismo y puede engendrar fobias, relacionadas con lugares
o situaciones donde los ataques de pánico han ocurrido.
Por ejemplo, si usted experimenta un ataque de pánico mientras
usa un elevador, es posible que llegue a sentir miedo de
subir a los elevadores y posiblemente empiece a evitar usarlos.
Las vidas de algunas personas han llegado a hacerse muy
restringidas porque evitan actividades diarias normales
como ir al mercado, manejar un vehículo o, en algunos casos
hasta salir de su casa. O bien, pueden llegar a confrontar
una situación que les causa miedo siempre y cuando vayan
acompañadas de su cónyuge o de otra persona que les merezca
confianza.
Básicamente, evitan cualquier situación que temen pueda
hacerlas sentirse indefensas si ocurre un ataque de pánico.
Cuando, como resultado de este mal, las vidas de las personas
llegan a ser tan restringidas como sucede en casi una tercera
parte de las personas que padecen de trastornos de pánico,
se le llama agorafobia. La tendencia hacia trastornos de
pánico y agorafobia tiende a ser hereditario. Sin embargo
un tratamiento oportuno al trastorno de pánico puede frecuentemente
detener el progreso hacia la agorafobia. Se han hecho estudios
que demuestran que un tratamiento adecuado, un tipo de psicoterapia
llamada terapia de comportamiento cognoscitivo, medicamentos
o posiblemente una combinación de ambos, ayuda del 70 al
90 por ciento de las personas con trastornos de pánico.
Se puede apreciar una significante mejoría entre 6 a 8 semanas
después de iniciarse el tratamiento. Los medios usados en
la terapia de comportamiento cognoscitivo enseñan al paciente
a ver las situaciones de pánico de manera diferente y enseñan
varios modos de reducir la ansiedad, por ejemplo haciendo
ejercicios de respiración o acudiendo a técnicas que dan
nuevo enfoque a la atención. Otra técnica que se usa en
la terapia de comportamiento cognoscitivo, conocida como
terapia de exposición frecuentemente puede mitigar las fobias
resultantes de un trastorno de pánico. En la terapia de
exposición, se expone poco a poco a las personas a la situación
temida hasta que llegan a hacerse insensibles a ella. Algunas
personas encuentran el mayor alivio a los síntomas del trastorno
de pánico cuando toman ciertos medicamentos recetados por
el médico. Esos medicamentos, al igual que la terapia de
comportamiento cognoscitivo, pueden ayudar a prevenir ataques
de pánico o a reducir su frecuencia y severidad. Los dos
tipos de medicamentos que se ha comprobado son seguros y
efectivos en el tratamiento del trastorno de pánico son
los antidepresivos y las benzodiazepinas.
Fobias: las fobias suceden en distintas formas. Una fobia
específica significa un miedo a algún objeto o situación
determinada. Una fobia social es el miedo a colocarse en
una situación sumamente vergonzosa en un medio social. Por
último, la agorafobia, que frecuentemente acompaña al trastorno
de pánico es el miedo que siente la persona de encontrarse
en cualquier situación que pueda provocar un ataque de pánico
o de la cual le sea difícil escapar si éste llegara a ocurrir.
Fobias Específicas:
"Tengo miedo de viajar en avión y por lo tanto ya no lo
hago. Es una sensación horrible la que siento cuando se
cierra la puerta del avión y me siento metido en una trampa.
Mi corazón late fuertemente y sudo la gota gorda. Si alguien
comienza a hablarme me pongo tenso y me preocupo. Cuando
el avión comienza a ascender no hace otra cosa que reforzar
el miedo de que no puedo salir de ahí. Me imagino que estoy
perdiendo el control, que mi mente danza como loca, que
subo por las paredes, pero por supuesto, nunca lo hago.
No me da miedo que el avión se estrelle o que nos toque
clima turbulento. Es únicamente esa sensación de estar atrapado.
Siempre que he querido cambiar de trabajo tengo que pensar
"¿va a ser necesario viajar en avión?". Por el momento solamente
voy a lugares a los que pueda ir manejando o por tren. Mis
amigos siempre me dicen que, de todas maneras, no podría
salirme de un tren que va viajando a altas velocidades así
que ¿por qué los trenes no me molestan? Yo les contesto
que éste no es un miedo racional"
Muchas personas experimentan fobias específicas, miedos
intensos e irracionales a ciertas cosas o situaciones; algunos
de los más comunes son: perros, espacios cerrados, alturas,
escaleras eléctricas, túneles, manejar en carreteras, agua,
volar y heridas que produzcan sangre. Las fobias no son
únicamente miedo extremo, son miedo irracional. Usted puede
esquiar en las montañas más altas con toda facilidad pero
siente pánico de subir al 10º piso de un edificio de oficinas.
Los adultos con fobias comprenden que sus miedos son irracionales
pero frecuentemente enfrentarse a los objetos o a las situaciones
que las ocasionan o siquiera pensar en enfrentarlos, ocasiona
un ataque de pánico o ansiedad severa. Las fobias no son
únicamente miedo extremo, son miedo irracional. Las fobias
específicas atacan a más de una de cada diez personas. Nadie
sabe exactamente qué las ocasiona aunque parece que son
hereditarias y que son más comunes en las mujeres. Generalmente
las fobias aparecen primero en la adolescencia o en la edad
adulta. Comienzan repentinamente y tienden a ser más persistentes
que las que se inician en la niñez; de las fobias de los
adultos únicamente más o menos el 20 por ciento desaparecen
solas. Cuando los niños tienen fobias específicas, por ejemplo,
miedo a los animales, esos miedos por lo general desaparecen
con el tiempo aunque pueden extenderse a la edad adulta.
Nadie sabe por qué persisten en algunas personas y desaparecen
en otras. Las personas con fobias no sienten la necesidad
de recibir tratamiento, si les es fácil evitar lo que les
causa miedo. Sin embargo, en ocasiones tendrán que tomar
decisiones importantes en su carrera o en lo personal para
evitar una situación que les produzca fobia. Cuando las
fobias interfieren con la vida de una persona, el tratamiento
puede servir de ayuda. Un tratamiento efectivo generalmente
involucra cierto tipo de terapia de conocimiento cognoscitivo
llamada insensibilización o terapia de exposición, en la
cual los pacientes se exponen gradualmente a lo que los
asusta hasta que el miedo comienza a desaparecer. Tres cuartas
partes de pacientes se benefician grandemente con este tratamiento.
Los ejercicios de relajamiento y respiración también contribuyen
a reducir los síntomas de ansiedad. No existe hasta ahora
un tratamiento comprobado a base de medicamentos, para fobias
específicas, pero en ocasiones ciertas medicinas pueden
recetarse para ayudar a reducir los síntomas de ansiedad
antes de que la persona se enfrente a una situación de fobia.
Fobia Social:
"Yo no podía aceptar invitaciones ni ir a fiestas. Por un
tiempo ni siquiera podía ir a trabajar. Mi miedo podía presentarse
en cualquier situación social. Sentía ansiedad aún antes
de salir de mi casa y aumentaba al irme aproximando a mi
trabajo, a la fiesta o adonde quiera que iba. Sentía el
estómago descompuesto y casi creía tener gripe. Mi corazón
latía fuertemente, las palmas de las manos se me llenaban
de sudor y tenía la sensación de estar separada de mí misma
y de todos los demás. Cuando entraba a un salón lleno de
gente, me ruborizaba y sentía que todos los ojos estaban
puestos en mí. Me daba vergüenza pararme en un rincón yo
sola pero no podía pensar en qué decir a nadie. Me sentía
tan torpe que me quería ir inmediatamente"
La fobia social es un miedo intenso de llegar a sentirse
humillado en situaciones sociales, especialmente de actuar
de tal modo que se coloque uno en una situación vergonzosa
frente a las demás personas. Frecuentemente es hereditaria
y puede estar acompañada de depresión o de alcoholismo.
La fobia social frecuentemente comienza alrededor del principio
de la adolescencia o aún antes. Si usted sufre de fobia
social tiene la idea de que las otras personas son muy competentes
en público y que usted no lo es. Pequeños errores que usted
cometa pueden parecerle mucho más exagerados de lo que en
realidad son. Puede parecerle muy vergonzoso ruborizarse
y siente que todas las personas lo están mirando. Puede
tener miedo de estar con personas que no sean las más allegadas
a usted. O su miedo puede ser más específico, como el sentir
ansiedad si tiene que dar un discurso, hablar con un jefe
o alguna otra persona con autoridad, o bien aceptar una
invitación. La fobia social más común es el miedo de hablar
en público. En ocasiones, la fobia social involucra un miedo
general a situaciones sociales tales como fiestas. Menos
frecuente es el miedo de usar un baño público, comer fuera
de casa, hablar por teléfono o escribir en presencia de
otras personas, como por ejemplo, escribir un cheque.
Tratamiento para Trastornos de Ansiedad: muchas personas
con trastornos de ansiedad pueden ayudarse con un tratamiento.
La terapia para trastornos de ansiedad frecuentemente incluye
medicamentos o formas específicas de psicoterapia. Los medicamentos,
aunque no son curaciones, pueden ser muy efectivos para
mitigar los síntomas de ansiedad. En la actualidad, gracias
a las investigaciones llevadas a cabo , existen más medicamentos
disponibles que antes para el tratamiento de trastornos
de ansiedad. De tal manera que, si un medicamento no da
el resultado buscado, generalmente hay otros que se pueden
probar. Además, se están descubriendo nuevos medicamentos
para el tratamiento de los síntomas de ansiedad. En casi
todos los medicamentos que se recetan para el tratamiento
de ansiedad, el médico generalmente inicia al paciente con
una dosis baja y gradualmente se la aumenta hasta llegar
a la dosis adecuada. Cada medicamento tiene efectos secundarios
pero éstos por lo general se llegan a tolerar o disminuyen
con el tiempo. Si los efectos secundarios llegan a ser un
problema, el doctor puede aconsejar al paciente que deje
de tomar el medicamento y que espere una semana, o más tiempo
en el caso de ciertas drogas, antes de probar uno nuevo.
Cuando el tratamiento está por terminarse, el doctor puede
disminuir la dosis gradualmente. Las investigaciones también
han demostrado que la terapia de comportamiento y la terapia
de comportamiento cognoscitivo pueden ser efectivas para
el tratamiento de varios trastornos de ansiedad. La terapia
de comportamiento se concentra en cambiar acciones específicas
y usa varias técnicas para disminuir o detener un comportamiento
indeseable. Por ejemplo, una técnica entrena a los pacientes
en respiración diafragmática, un ejercicio especial de respiración
que consiste en respiraciones lentas, profundas, para reducir
la ansiedad. Esto es necesario porque las personas que tienen
ansiedad frecuentemente sufren de hiperventilación, respirando
rápidamente cortas cantidades de aire que pueden provocar
latidos rápidos del corazón, mareos y otros síntomas.
Otra técnica: la terapia de exposición expone gradualmente
a los pacientes a aquello que los asusta y les ayuda a vencer
sus miedos. Al igual que la terapia de comportamiento, la
terapia de comportamiento cognoscitivo enseña a los pacientes
a reaccionar en forma diferente en las situaciones y sensaciones
corporales que desatan los ataques de pánico y otros síntomas
de ansiedad. Sin embargo, los pacientes también aprenden
a comprender la forma en que su manera de pensar contribuye
a sus síntomas y cómo cambiar sus pensamientos para disminuir
la posibilidad de que los síntomas ocurran. Este entendimiento
de los patrones de pensamiento se combina con la técnica
de exposición y con otras terapias de comportamiento para
ayudar a las personas a enfrentarse a las situaciones que
les causan miedo. Por ejemplo, alguien que se siente mareado
durante un ataque de pánico y teme que se va a morir puede
recibir ayuda con la siguiente técnica que se usa en la
terapia de comportamiento cognoscitivo: el terapista le
pide al paciente que dé vueltas en un mismo lugar hasta
que se marée. Cuando el paciente se alarma y comienza a
pensar: "me voy a morir", él aprende a reemplazar ese pensamiento
con otro más apropiado como "no es más que un pequeño mareo;
yo puedo controlarlo". Aunque este trastorno frecuentemente
se confunde con timidez, no son lo mismo. Las personas tímidas
pueden sentirse muy incómodas cuando están con otras personas,
pero no experimentan la extrema ansiedad al anticipar una
situación social y no necesariamente evitan circunstancias
que las haga sentirse cohibidas. En cambio, las personas
con una fobia social no necesariamente son tímidas. Pueden
sentirse totalmente cómodas con otras personas la mayor
parte del tiempo, pero en situaciones especiales, como caminar
en un pasillo con personas a los lados o dando un discurso,
pueden sentir intensa ansiedad. La fobia social trastorna
la vida normal, interfiriendo con una carrera o con una
relación social.
Por ejemplo: un trabajador puede dejar de aceptar un ascenso
en su trabajo por no poder hacer presentaciones en público.
El miedo a un evento social puede comenzar semanas antes
y los síntomas pueden ser muy agotadores. Las personas con
fobia social no necesariamente son tímidas. Pueden sentirse
totalmente cómodas con otras personas la mayor parte del
tiempo, pero en situaciones especiales pueden sentir intensa
ansiedad. Las personas con fobia social comprenden que sus
sensaciones son irracionales. Sin embargo, experimentan
una gran aprensión antes de enfrentarse a la situación que
temen y harán todo lo posible para evitarla. Aún cuando
puedan enfrentarse a lo que temen, generalmente sienten
gran ansiedad desde antes y están muy incómodas todo el
tiempo. Posteriormente, las sensaciones desagradables pueden
continuar con la preocupación de haber sido juzgados o con
lo que los demás hayan pensado u observado respecto a ellos.
Aproximadamente el 80 por ciento de las personas que sufren
de fobia social encuentran alivio a sus síntomas cuando
se les da tratamiento de terapia de comportamiento cognoscitivo,
de medicamentos, o una combinación de ambos. La terapia
puede involucrar aprender a ver los eventos sociales en
forma diferente; exponerse a una situación social aparentemente
amenazadora de tal manera que les sea más fácil enfrentarse
a ella; además, aprender técnicas para reducir la ansiedad,
adquirir habilidades sociales y practicar técnicas de relajamiento.
Entre los medicamentos que han probado ser efectivos están
los antidepresivos llamados inhibidores MAO. Las personas
que padecen de una forma específica de fobia social llamada
fobia de actuación han recibido ayuda de unos medicamentos
llamados bloques-beta. Por ejemplo, se puede recetar bloques-beta
a músicos y otras personas con este tipo de ansiedad para
que los tomen el día en que van a actuar.
Trastorno obsesivo-compulsivo:
"No podía hacer algo sin un ritual. Estos rituales trascendían
a todos los aspectos de mi vida. Para mí, era muy importante
contar. En la noche, cuando ponía mi despertador, tenía
que hacerlo en un número que no sumara un "mal" número.
Me echaba champú tres veces en lugar de una porque tres
era un número de suerte y uno no lo era. Me demoraba mucho
al leer porque contaba las líneas de cada párrafo. Si estaba
escribiendo una tarea para mi trabajo no podía tener cierto
número de palabras en una línea si sumaban un mal número.
Siempre estaba preocupada pensando que si no hacía cierta
cosa mis hijos iban a morir. O me afligía hacer algo que
causara daño a mi marido lo cual era totalmente irracional.
No podía usar nada que dijera Bilbao porque mis padres eran
de ahí. No podía escribir la palabra "muerte" porque me
preocupaba que algo malo sucediera. El vestirme en las mañanas
era muy difícil porque yo tenía una rutina y si me desviaba
de ella, tenía que volverme a vestir. Yo sabía que esos
rituales no tenían sentido pero no parecía que pudiera sobrepasarlas
hasta que me sometí a terapia"
El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es un trastorno caracterizado
por presentar pensamientos o rituales de ansiedad que usted
siente que no puede controlar. Si usted padece de TOC, como
se le conoce, puede estar plagado de pensamientos o imágenes
persistentes indeseables o por la necesidad urgente de celebrar
ciertos ritos. Usted puede estar obsesionado con los gérmenes
o la mugre y en ese caso se lava las manos una y otra vez.
Puede estar lleno de dudas y sentir la necesidad de reconfirmar
las cosas repetidamente. Puede estar preocupado por pensamientos
de violencia y teme hacer daño a las personas que están
cerca de usted. Puede pasar largos períodos de tiempo tocando
las cosas o contando; puede estar preocupado por el orden
y la simetría; puede tener pensamientos persistentes de
llevar a cabo actos sexuales que le son repugnantes; o puede
afligirle tener pensamientos que van contra su religión.
Los pensamientos o las imágenes preocupantes se llaman obsesiones
y los rituales que se celebran para tratar de prevenirlas
o disiparlas se llaman impulsos. No es placentero celebrar
estos ritos que se siente obligado a hacer; únicamente siente
descanso temporal de la incomodidad causada por la obsesión.
Muchas personas saludables pueden aceptar tener algunos
de estos síntomas de TOC, tales como revisar la estufa varias
veces antes de salir de la casa. Pero se diagnostica el
trastorno únicamente cuando dichas actividades consumen
cuando menos una hora al día, son muy angustiosas o interfieren
con la vida diaria. Muchos adultos con este problema de
salud reconocen que lo que están haciendo no tiene sentido
pero no pueden evitarlo. Sin embargo, muchas personas, especialmente
niños con TOC, pueden no comprender que su comportamiento
está fuera de lo normal. El TOC afecta a hombres y a mujeres
aproximadamente en igual número y aflige a más o menos 1
de cada 50 personas. Puede aparecer en la niñez, en la adolescencia
o en la edad madura pero como promedio se detecta en los
jóvenes o en los adultos jóvenes. Un tercio de los adultos
con TOC experimentaron sus primeros síntomas en la niñez.
El curso que sigue la enfermedad es variable; los síntomas
pueden ir y venir, mitigarse por un tiempo o empeorar progresivamente.
La evidencia de que se dispone sugiere que el TLC puede
venir de familia. La depresión u otros trastornos de ansiedad
pueden acompañar al TOC. Además, algunas personas con TOC
sufren de trastornos alimenticios. También pueden evitar
las situaciones en las cuales tengan que enfrentarse a sus
obsesiones. O pueden tratar, sin éxito, de usar alcohol
o drogas para calmarse. Si el TOC se agrava seriamente puede
interponerse entre una persona y su empleo o evitar que
esa persona asuma responsabilidades normales en su casa,
pero por lo general no llega a esos extremos. La investigación
de los científicos ha dado como resultado obtener medicamentos
y tratamientos de comportamiento que pueden beneficiar a
las personas con TOC. Una combinación de los dos tratamientos
casi siempre ayuda a la mayoría de los pacientes. Algunos
individuos responden mejor a una terapia y otros requieren
una distinta. Dos medicamentos que han probado ser efectivos
en el tratamiento del TOC son la clomipramina y el fluoxetin.
Sin embargo, varios más parecen ser prometedores y podrán
obtenerse en un futuro cercano. La terapia de comportamiento,
también ha demostrado ser buena en el tratamiento del TOC.
Consiste en exponer a la persona a lo que causa el problema
y luego ayudar al paciente a hacer a un lado el ritual acostumbrado;
por ejemplo, hacer que el paciente toque algo sucio y después
no se lave las manos. Esta terapia frecuentemente tiene
éxito en pacientes que completan un programa de terapia
de comportamiento, aunque los resultados han sido menos
favorables en algunas personas con TOC y con depresión.
Trastorno postraumático por tensión:
"Fui violada a los 25 años. Por mucho tiempo hablé de esa
violación a un nivel intelectual como si fuera algo que
le hubiera pasado a otra personas. Yo sabía muy bien que
me había pasado a mí, pero sencillamente no existía una
sensación. Por un tiempo me saqué el bulto de encima. Empecé
a tener recuerdos retrospectivos. Me llegaban como un golpe
de agua. Estaba aterrorizada. Repentinamente comencé a revivir
la violación. Cada momento era sobrecogedor. Sentía que
mi cabeza se movía un poco, sacudiéndose, pero eso no era
verdad. Me sofocaba o se me secaba la boca y mi respiración
cambiaba. Estaba como suspendida. No sentía el cojín sobre
el cual estaba sentada o que mi brazo estaba tocando un
mueble. Parecía estar dentro de una burbuja como si flotara.
Era de dar miedo".
Tener recuerdos retrospectivos puede causar opresión. Lo
deja a uno agotado. El trastorno postraumático por tensión
(TPT) es una condición debilitante que sigue a un evento
de terror. Frecuentemente, las personas que sufren de TPT
tienen persistentemente memorias y pensamientos espantosos
de su experiencia y se sienten emocionalmente paralizadas,
especialmente hacia personas que antes estuvieron cerca
de ella. El TPT, conocido antes como sobresalto por proyectil
o fatiga de batalla, fue traída a la atención pública por
los veteranos de guerra pero puede ser el resultado de varios
otros incidentes traumáticos. Incluyen rapto, graves accidentes
como choques de automóviles o de trenes, desastres naturales
como inundaciones o temblores, ataques violentos tales como
asaltos, violaciones o tortura, o ser plagiado. El evento
que desata este trastorno puede ser algo que amenace la
vida de esa persona o la vida de alguien cercano a ella.
O bien, puede ser algo visto, como por ejemplo la destrucción
en masa después de la caída de un aeroplano. Cualquiera
que sea la razón del problema, algunas personas con TPT
repetidamente vuelven a vivir el trauma en forma de pesadillas
y recuerdos inquietantes durante el día. Pueden también
experimentar problemas de sueño, depresión, sensación de
indiferencia o de entumecimiento o se sobresaltan fácilmente.
Pueden perder el interés en cosas que antes les causaban
alegría y les cuesta trabajo sentir afecto. Es posible que
se sientan irritables, más agresivas que antes o hasta violentas.
El ver cosas que les recuerdan el incidente puede ser molesto,
lo que podría hacerles evitar ciertos lugares o situaciones
que les traigan a la mente esas memorias. El aniversario
de lo que sucedió frecuentemente es muy difícile. Sucesos
ordinarios pueden servir de recordatorios del trauma y ocasionar
recuerdos inquietantes o imágenes intrusas. El TPT puede
presentarse en cualquier edad, incluyendo la niñez. El trastorno
puede venir acompañado de depresión, de abuso de substancias
químicas o de ansiedad. Los síntomas pueden ser ligeros
o graves; las personas pueden irritarse fácilmente o tener
violentos arranques de cólera o de mal humor. En casos severos,
los afectados pueden tener dificultad para trabajar o para
socializar. En general, los síntomas pueden ser peores si
el evento que los ocasiona fue obra de una persona, como
en el caso de violación, a comparación de uno natural como
es una inundación. Los eventos ordinarios pueden traer el
trauma a la mente e iniciar recuerdos retrospectivos o imágenes
intrusas. Un recuerdo retrospectivo puede hacer que la persona
pierda contacto con la realidad y vuelva a vivir el evento
durante un período de unos segundos o por horas o, muy raramente,
por días. Una persona que tiene recuerdos retrospectivos
que pueden presentarse en forma de imágenes, sonidos, olores
o sensaciones, generalmente cree que el evento traumático
está volviendo a repetirse. No todas las personas traumatizadas
sufren un verdadero caso de TLT o experimentan TLT en lo
absoluto. Se diagnostica TLT únicamente si los síntomas
duran más de un mes. En aquellas personas que tienen TLT,
los síntomas generalmente comienzan tres meses después del
trauma y el curso de la enfermedad varía. Hay quienes se
recuperan dentro de los siguientes 6 meses; a otros, los
síntomas les duran mucho más tiempo. En algunos casos, la
condición puede ser crónica. Ocasionalmente, la enfermedad
no se detecta sino hasta varios años después del evento
traumático. Los medicamentos antidepresivos y los que se
recetan para aminorar la ansiedad, pueden disminuir los
síntomas de la depresión y los problemas de sueño; y la
psicoterapia, incluyendo la terapia de comportamiento cognoscitivo,
es una parte integral del tratamiento. En ocasiones el exponerse
a lo que el trauma recuerda, como parte de la terapia, por
ejemplo, regresar a la escena de una violación, puede ayudar.
Además, el apoyo de los familiares y amistades puede agilizar
la recuperación.
Cómo recibir ayuda en casos de trastornos de ansiedad: si
usted o alguna persona a quien usted conoce tiene síntomas
de ansiedad, lo mejor que puede hacer inicialmente es ver
al médico familiar. Un médico puede ayudarlo a determinar
si los síntomas son debidos a un trastorno de ansiedad,
a alguna otra condición médica o a ambos. Más frecuentemente,
el siguiente paso para recibir tratamiento en un trastorno
de ansiedad es ser recomendado a un profesional de salud
mental. Entre los profesionales que pueden ayudar están
los psiquiatras, los psicólogos, los trabajadores sociales
y los consejeros. Sin embargo, es mejor buscar a un profesional
que tenga entrenamiento especializado en terapia de comportamiento
cognoscitivo o en terapia de comportamiento y que esté dispuesto
a usar medicamentos en caso de que sean necesarios.
Condiciones coexistentes: muchas personas padecen de un
sólo tipo de trastorno de ansiedad y nada más, pero no es
raro que un trastorno de ansiedad venga acompañado de otra
enfermedad como por ejemplo depresión, problemas alimenticios,
alcoholismo, abuso de substancias químicas u otro trastorno
de ansiedad. Frecuentemente quienes padecen de un trastorno
de pánico o fobia social, por ejemplo, también experimentan
la intensa tristeza y desaliento asociado con la depresión,
o se hacen adictos al alcohol. En esos casos, estos problemas
también necesitarán atenderse. A veces los psicólogos, los
trabajadores sociales y los consejeros trabajan unidos con
un psiquiatra u otro médico, quien receta los medicamentos
cuando éstos se requieren. Para algunas personas la terapia
de grupo o la de grupos de auto-ayuda son una parte útil
del tratamiento. A muchas personas les es más útil una combinación
de estas terapias. Cuando usted busca a un profesional de
cuidado de la salud es importante que pregunte qué tipos
de terapia usa generalmente o si tiene medicamentos disponibles.
Es importante que usted se sienta cómodo con la terapia.
De no ser éste el caso, busque ayuda en otro lado. Sin embargo,
si usted ha estado tomando medicamentos, es importante no
cortar abruptamente el uso de algunos de ellos, sino irlos
rebajando bajo la supervisión de su médico. Asegúrese de
preguntar a su médico cómo dejar de tomar un medicamento.
Recuerde, sin embargo, que cuando usted encuentra a un profesional
del cuidado de la salud con el cual se siente satisfecho,
ustedes dos están trabajando en equipo. Entre los dos podrán
desarrollar un plan para su tratamiento del trastorno de
ansiedad que pueda involucrar medicamentos, terapia de comportamiento,
o terapia de comportamiento cognoscitivo, que consideren
apropiado. Sin embargo, los tratamientos para trastornos
de ansiedad no necesariamente dan resultado inmediatamente.
Su médico o terapista puede pedirle que siga un plan específico
de tratamiento por varias semanas para determinar si le
está dando resultado.
Este folleto fue escrito por Marilyn Dickey, escritora independiente
en Washington, DC. y corregido y ampliado por la Dra. Laura
Cornejo Rivas para GERIATRICAS.COM. La información científica
y la revisión se obtuvieron de Hagop Akiskal, M.D.; Jack
Maser, Ph.D.; Bary Wolfe, Ph.D.; y Susan Solomon, Ph.D.,
miembros del personal del NIMH. También prestaron sus servicios
de revisión y asistencia Jim Broatch, M.S.W., OC Foundation;
Stephen Cox, M.D., National Anxiety Foundation; Jack Gorman,
M.D., Columbia University; Alec Pollard, Ph.D., St. Louis
University; Jerilyn Ross, M.A., L.I.C.S.W., Anxiety Disorders
Association of America; y Sally Wlinston, Psy.D., Anxiety
and Stress Disorders Institute of Maryland.
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